La Semana Santa en España

La Semana Santa es una fiesta religiosa muy tradicional en España. En estos días las procesiones, las monas de Pascua y los paseos para volar el cachirulo decoran los días de primavera hasta convertirlos en recuerdos inolvidables.

Es importante señalar que el calendario español se caracteriza por su carácter religioso. Así, tras la Navidad y el Carnaval, siguen la cuaresma y la Semana Santa. En esta última, concretamente, se conmemora la muerte y resurrección de Jesús. Ahora bien, cada región tiene su forma de celebrarlo y, por ello la austeridad y el silencio de las celebraciones de los pueblos del interior contrastan con la luz y el colorido de las fiestas costeras.

Durante estos días, las procesiones recorren las calles entre el fervor y la devoción populares. En estas procesiones es posible ver desfilar a las distintas cofradías de cada ciudad. Estos grupos, también llamados hermandades, representan los distintos sectores sociales y profesionales de cada lugar y se identifican con las escenas y objetos biblícos propias de estos días. Por ejemplo, la hermandad de El Santo Cáliz en Valencia, viste de blanco y rojo y tiene por símbolo el cáliz, la copa, en la Jesús bebió durante la última cena.

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Semana Santa Marinera en Valencia

Los cofrades – miembros de la cofradía – se tapan la cara en señal de vergüenza  porque son los que van a castigar a Jesucristo. También aparacen en la procesión personajes biblícos como Herodes, la Virgen María o María Magdalena. Todos ellos desfilan al son de los tambores y trompetas que marcan el ritmo. El olor a cera, el candor de los creyentes, la cuidada música, los colores y la solemnidad de la marcha, hacen de España un lugar especial donde vivir la Semana Santa.

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La paella del domingo

Mi paella es la paella del domingo. Esta paella valenciana de pollo y conejo lleva los ingredientes tradicionales: las carnes, las judías verdes (bachoqueta), las anchas (garrofó) y las blancas (tabella), el aceite de oliva, el tomate, el azafrán y el pimentón, la sal, el agua, los caracoles, el arroz y la ramita de romero.

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No hay variación, siempre contiene lo mismo y siempre cae en la sartén – también llamada paella – de igual forma. Primero el aceite, después la carne y la verdura, más tarde entran en juego el tomate, el agua y los ingredientes para sazonar, los caracoles y, por último, llega el arroz en forma de caballón, cruz o puñaditos (cada uno tiene su técnica). Todo transcurre como dicta la norma de la casa, es decir, como quiera la cocinera o el cocinero, y todo se hace sin dilación, sin dudas ni miedos, con tiempos exactos entre ingrediente e ingrediente, con mano experta que resuelve en caso de faltar agua, de sobrar arroz o de parar soso.

Asimismo, tal evento acontece siempre en domingo o día festivo, en casa de la abuela o de los padres – si ya estás independizado – y siempre con alguna excusa de regocijo: el cumpleaños de alguien, la futura boda, el futuro niño o, simplemente, el futuro con crisis o sin ella. ¿Más porqués? Pues, se podría cocinar una paella porque ha llegado el buen tiempo, porque es invierno, porque el niño ha regresado del extranjero, porque al cocinero le apetece o, simplemente, porque sí, porque necesitas una sobremesa familiar después de darle un buen repaso a la paella.

Todos sabemos que comer una paella con prisas es pecado. Pero comer la paella y largarte también lo es. Los cotilleos ya empiezan cuchara en mano y van adornando la comida, combinados con elogios al cocinero y quejas por el hurto de alguna pieza especial en nuestro triángulo correspondiente. Ahora bien, alcanzan la cúspide una vez recogida la paella; es entonces cuando cotilleos, opiniones, preguntas más o menos personales, risas, chistes, tristezas y estupideces se alargan junto al café y las copas.

Bien, muchas son las tradiciones gastronómicas de España, pero pocas resultan tan apreciadas – especialmente en la costa levantina – como la paella de los domingos. Un ritual que va más allá de la suma de ingredientes y la ingesta de comida. Sin duda un ritual que todo hispanófilo debería experimentar al menos una vez en la vida… aunque sea en diferido.

Si quieres aprender un poco más de vocabulario, visita nuestra página y haz el test que hemos preparado:

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Carritos made in Spain

La empresa Garmol, ubicada en plena costa blanca, exporta confortables carritos de la compra a numerosos puntos de Europa. Con su colección Made in Spain, estos expertos alicantinos también han exportado ilusión, emoción y algunas lagrimillas en forma de jamón ibérico, anchoas, quesos y muchos otros productos de la marca España.

Garmol se marcó como objetivo demostrar que España es capaz de exportar algo más que malas noticias económicas y políticas y, por supuesto, lo consiguió. eHispanismo se une a este grito profundo de confianza y fe para decir que es verdad: los emigrados llevamos al extranjero conocimiento, cultura, ilusión y además, ¡no estamos solos!… porque de alguna forma siempre nos acompaña ese exquisito jamón serrano que bien lo quisieran para sí muchos otros más allá de Pirineos.

Aquí dejamos el emocionante video resultado de la campaña Garmol Made in Spain :

Por supuesto, esperamos que este tipo de acciones también sirva para acabar con muchos de los tópicos que nos persiguen, por ejemplo, con esa pereza de la que uno se debe ir despegando continuamente porque alguien clavó la etiqueta muy fuerte en nuestros cogotes, o con la siesta que, a veces, parece ser la causa de la crisis a ojos internacionales . A ver si todos juntos conseguimos transmitir otra imagen al mundo empezando por la imagen que nos transmitimos a nosotros mismos.